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2009-12-19 01:49:16
Hola estimados lectores, es un gusto para mí compartir con ustedes este nuevo relato de Carolina, espero que sea entretenido y ameno para ustedes, que lo disfruten.

Hace unos meses atrás conocí a un hombre con el que de inmediato surgió una amistad muy bonita, compartimos algunos gustos por la música, por sitios, por comida, bueno por algunas cosas que nos hicieron estrechar la amistad, conversábamos, empezamos a salir y hablar cada vez más seguido.

En cada una de nuestras conversaciones notábamos que nos gustaba más estar juntos y compartir cosas, en realidad disfrutamos de muchas cosas, de ir al cine, de comer, de pasear, de irnos a tomar unas copas, mmmmm en fin de situaciones amenas que nos hacían sentir bien el uno con el otro.

Pero había algo más allá de todo ello, lo fundamental, surgió entre nosotros una amistad muy linda y muy sincera, hemos hablado de muchas cosas, conocemos muchos secretos uno del otro, hechos de nuestras vidas que quizá no los sabe nadie más, eso enriqueció mucho nuestra relación.

De hecho si algo es importante para mí es que él esté bien, bueno él y todo lo que es importante para él, sin embargo esa cotidianidad en el trato y la confianza, determinó que nos volvamos más importantes y dependientes, a mí me hace mucha falta poder hablar con él, saber cómo está y poder compartir con él mis cosas, mis secretos y mis deseos también.

Pero desde hace algún tiempo atrás, me di cuenta que mi amigo, al que llamaremos Jhonny, no solo me quería como a su amiga del alma, si no que además yo le gustaba, bueno obvio a quien no le va a gustar alguien tan linda, además conociendo tantas cosas sobre mi persona, mis gustos, mis deseos, yo notaba que cada vez que hablábamos él sentía una atracción que iba creciendo, yo claro me sentía halagada con eso, con todas las cosas bonitas que me decía, a las mujeres nos gusta mucho esos detalles.

Cada vez que nos vemos tiene detalles bonitos, bueno tal vez al principio era más atento que ahora, no es que ahora no lo sea pero las cosas han ido transformándose, aunque si me hacen falta los detalles del principio, así que espero que luego de leer esto vuelva a tener aquello hacia mí, aunque entiendo que a veces la falta de tiempo nos juega malas pasadas.

Era muy lindo y motivante para mí ver la manera como recorría mi cuerpo con su mirada, cómo con disimulo o a veces con poco de eso, tocaba mis hermosas piernas, cómo veía mis bien formadas caderas, sin embargo no me faltó nunca al respeto, aunque en momentos, sobre todo cuando nuestras conversaciones subían de tono, hubiese querido que lo haga, pero él siempre se mostró como un caballero ante mí, pese a que era absolutamente notorio que deseaba mucho más conmigo de lo que teníamos.

Tanto él como yo sentíamos atracción y claro yo estaba deseando igual que él tener unas ricas relaciones sexuales, además me daba curiosidad saber si era verdad que lo hacía tan bien como me había contado, quería saber si en verdad era un experto y me podía hacer gozar tanto como yo quería y vaya que era verdad lo que decía.

Un día empezamos a intercambiar mensajes por el internet, cada vez se hacían más subidos de tono y en ellos se hacía presente la necesidad de estar juntos, el deseo mutuo que nos teníamos y que necesitábamos expresarlo y hacerlo realidad, por supuesto él deseaba con locura mis caderas, mis deliciosas piernas de las que siempre había estado prendado, mis senos, mi cabello, mis labios de los cuales siempre había deseado un roce aunque sea.

 

Esta vez todo cuanto deseaba se le iba a hacer realidad, pues yo de igual modo quería mucho tener buen sexo, me hacía falta, así que quedamos en encontrarnos por La Carolina (un parque de la ciudad), allí me estuvo esperando, yo iba entre nerviosa y feliz de que iba a poder disfrutar de una relación como hace tiempo no lo había hecho.

Nos encontramos y nos dimos un delicioso beso en los labios, un beso con el que nos dijimos muchas cosas, pero ante todo con el que claramente manifestamos su deseo y mi aceptación por estar juntos, mientras íbamos en el auto hasta el norte de la ciudad a uno de los moteles de la zona, nos íbamos acariciando, sobre todo él paseaba sus manos por todos los rincones de mi cuerpo.

Yo estaba muy excitada, sentía como mi interior se iba mojando cada vez más, era delicioso, llegamos al motel, uno muy bonito y elegante y yo me puse nerviosa y apenada, finalmente era la persona que era mi amigo desde hace meses, con quien estaba allí, nos acostamos a "ver televisión", inicialmente así lo hicimos, él siempre se portó dulce y comprensivo.

Yo creí que ya no iba a pasar nada y eso me aliviaba y al mismo tiempo me llenaba de coraje, yo quería sentirlo en mi cuerpo, él se me acercó y empezó a acariciar mis piernas, que estaban casi totalmente al descubierto gracias a una minifalda muuuy cortita que llevaba ese día, cada vez su mano estaba más arriba hasta que llegó a mi sexo y una explosión de jugos empezó a salirme de allí, ummm fue muy rico lo que empecé a sentir.

Jhonny inmediatamente se acercó a mis pechos y a través del escote de mi blusa pudo tener acceso a ellos, yo ya no aguanté más y busqué su boca para darle de mamar mis ricas tetas, le daba la una, luego la otra mientras ponía sus manos en mi culo para que lo acaricie, ese culo del que tanta gana había tenido casi desde que me conoció, o tal vez desde antes de conocerme.

Él mamaba mis tetas como el más hambriento de los bebés, yo sentía cómo se me hinchaban las tetas y como se me abría la conchita, mientras destilaba sus juguitos pidiéndome que le permita abrirse para dar paso a un buen tronco de un macho que le de lo que ella quería, luego de comer mis tetas por largo rato, me besó en la boca, mmmm debió haber sentido muy rico, porque mis labios y mi lengua le enredaron de tal manera que su tronco se puso como una roca, muy muy duro y ardiente.

Empezamos a sacarnos nuestras ropas del modo más rápido que podíamos, me encantó sentir esas manos tan calientes y tan traviesas por todo mi cuerpo, no hubo rincón que se hubiese quedado sin explorar, pero claro todo eso mientras seguía prendado de mis tetas, ya hasta tenía un pequeño moretón en una por la vehemencia con la que mamaba, sus manos acariciaban mi conchita y mi trasero, mi pobre culito recibía uno, dos, tres dedos en su sabroso hoyo y mi conchita era mamada y metida una lengua ardiente que me hacía explotar de placer.

Yo gritaba como una perrita arrecha, porque en verdad sentía muy rico cada una de esas embestidas con su lengua y con sus dedos, nunca había sentido unos dedos tan espectaculares dentro de mi concha, eran unos dedos que verdaderamente sabían lo que hacía y vaya que lo hacía muy bien, tan bien que me sacó un delicioso orgasmo, un gemido muy rico, delicioso que me estremeció de pies a cabeza, fue muy bueno sentir todo eso, me hacía sentir como una hembra a punto, como una hembra que estaba recibiendo lo que se merece, un macho que sabe lo que hace para hacerla feliz y satisfacerla.

Claro que mi culito a pesar de lo rico que sentía, también estaba un poco molesto, irritado por todo el maltrato que estaba recibiendo, pero él le pagaba con unas ricas lamidas que me hacía estremecer desde la cabeza hasta los pies, era muy rico y claro yo también debía hacer lo que más me gusta, sentía la necesidad de darle sexo oral, uno de esos que solo yo sé hacer, así que le tomé de su tronco que estaba duro y caliente y con una cabezota muy grande, la cabeza más grande que he visto y empecé a darle unas chupadas magistrales.

Le lamí toda la superficie de su tronquito, de arriba hacia abajo y viceversa, le lamí todo el contorno de su cabezota, mientras con las paredes de mi boca le succionaba deliciosamente, me metía todo su tronco hasta mi garganta y lo sacaba lentamente chupándolo como al más rico de los helados y me quedaba mucho tiempo mamándole la cabezota, mmmm era delicioso mamar así esa tetita.

El por su lado me seguía metiendo sus dedos en la chepita rica que tanto había deseado y que ahora era suya y claro acariciando el culo que tantas veces había admirado y visto con ojos de lujuria.

Seguía con mis mamadas frenéticas a ese tronco y a esa cabezota, ese día no quería que me la meta, todavía no, además estaba feliz con lo que había pasado ese día, él obviamente se dio cuenta de eso y con su forma de ser tan chévere como siempre es conmigo, no me obligó a nada, claro yo sabía como pagar eso, pues le seguí mamando hasta que le hice terminar, todo su semen me llenó la boca, y él se sentía en el paraíso.

Claro ese no era el único pago que le iba a dar, su modo de hacerme el amor merecía un mejor pago, la próxima vez le permitiría meterme en la concha y prepararme el culito para que entre ese tronco, aunque me asustaba todo lo que me podría doler al entrar esa cabezota en mi hoyito, pero él sabe lo que hace y seguro me lo hará de un modo que no me duela mucho, lo sé.

Así que después de descansar y darnos los más ricos besos, nos fuimos, claro había que darle todo lo que no le di ese día y vaya que lo hice y en qué forma, pero eso se los contaré en un próximo relato.

Espero que les haya gustado.

Saludos cordiales.



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