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2010-06-11 05:36:06
Cuando empecé a publicar relatos no imaginaba que me enviarían tantos mails con comentarios ni que con algunos de ellos empezaría a escribirme y chatear. Y mucho menos que una mujer como Nuria, una guarrilla morbosilla, sería el objeto de un nuevo relato o una serie, quién sabe?

El caso es que empezamos a conversar a través del gmail y del msn. Nuria es una secretaria ejecutiva, bisexual, aunque prefería el sexo con mujeres y que la degradaran ;-). Bueno, las conversaciones subieron de tono y debo reconocer que ambas nos humedecíamos con nuestras charlas. Yo hasta llegué a masturbarme en la oficina mientras charlaba con ella, y supongo que ella otro tanto. Fueron unos meses de charlas subidas de tono, o de simples mensajes para estar en contacto en otras ocasiones. Pero eso sí, de cotillear y explicarnos los fines de semana con mucho detalle, especialmente los escarceos sexuales ;-).

Las dos nos conectábamos desde la oficina, ella por las tardes, yo con un horario más normalito. Ella es de Madrid, algo mayor que yo y uno de los días más memorables fue cuando me contó su escapada de fin de semana con dos amigas donde todo el fin de semana tuvo que vestir de sirvienta, con zapatos de tacón, medias de nylon y sólo un delantal por toda vestimenta ;-) Se lo pasó a cuatro patas mientras las dos mujeres le ordenaban hacer de todo y disfrutaban de su sexo y la mancillaban, hasta llegaron a mearse encima de ella!!! Y ella se corrió de gusto con todo eso ;-).

Un día me dijo que venía a Barcelona por una reunión y me propuso vernos. Yo lo estuve pensando mucho, pero la tentación de "jugar" con Nuria me venció y mi mente se llenó de planes perversos con los que disfrutar las dos. Pero con Nuria las cosas tenían que ser especiales, lo que nos unía era el morbo de las situaciones, y yo sabía que a ella lo que le gustaba era ser dirigida (y mancillada), por lo que mi rica imaginación empezó a planear y planear…

Lo primero que hice fue involucrar a Eduard ;-) Mi perverso cómplice. Estas cosas le encantan, aunque a veces me llega a espantar su mente perversa y morbosa ;-) Lástima que esté casado con una amiga, siempre he pensado que sería mi pareja perfecta, pero si estuviéramos juntos demasiado tiempo seguro que acabaríamos en la cárcel por escándalo público ;-). No contaré aquí todas las ideas que debatimos o imaginamos, ni siquiera lo excitados que acabamos sólo con comentarlas! Demasiado largo y demasiado excitante para un relato sin conclusión. Sólo os diré que acordamos un plan de acción conjunto.

Avisé a Nuria que Eduard la iría a recoger al aeropuerto. Ella no quería, venía en viaje de trabajo para una reunión y no hacía falta, pero le dije que Eduard la recogería y la llevaría al hotel, de donde ella iría a su reunión y así, luego, el la recogería para la cena. Se lo exigí, yo quería estar segura que ella era realmente Nuria y por eso requería primero el examen de Eduard, sólo cuando el verificara de quien se trataba aparecería yo –le dije-. Así que aceptó. A partir de aquí os explicaré cómo fue tal y como ellos me contaron más tarde.

Efectivamente, al aterrizar, Nuria recibió un mensaje en el móvil de Eduard, diciéndole que la esperaba en la terminal de llegadas (en el puente aéreo). Tanto el como ella tenían una foto del otro, así que se reconocieron al llegar. El, cuando quiere, sabe portarse como un perfecto caballero, y así fue en aquella ocasión. Ella se sentía violenta, después de ser una guarrilla morbosa conmigo, yo le enviaba un hombre a recogerla del aeropuerto, qué le habría contado a él? Se saludaron con castos besos en las mejillas y el tomó su pequeña maleta para guiarla hasta el coche.

  • Tranquila, pero es que Sandra es muy desconfiada, y siempre establece un filtro antes de cualquier reunión con sus contactos de Internet.
  • Sí, claro, con los tiempos que corren…
  • Pero no te preocupes, seguro que después vale la pena, con Sandra siempre lo vale, y por lo que me ha contado de ti… seguro que disfrutáis juntas ;-)
  • Qué… qué te ha contado?
  • No te avergüences, si ella te contara de mi sería mucho peor ;-) Sólo que te gusta disfrutar del sexo casi tanto como a nosotros ;-) – Y entonces hizo esa sonrisa suya que te hace sentir tan segura y protegida por él.

Llegaron al coche, un Jaguar S-Type (sí, es coincidencia, también Osmiel tiene uno, pero no soy fetichista de los Jaguar ni me lío con todos los hombres que tienen uno, ni significa que todos los que tienen un Jaguar sean pervertidos, es simple coincidencia que ambos tengan el mismo coche!). Nuria se sintió mejor, al fin y al cabo, alguien que se puede permitir ese coche debe saber comportarse, no? Durante el trayecto a la ciudad Eduard le contó que tenía estrictas instrucciones de Sandra de prepararla para la cena. Después de la reunión (Nuria llegaba a media mañana para la reunión, comida y otra reunión corta después de la comida) iría al hotel y se relajaría y asearía para nuestro encuentro. El la iría a buscar al hotel y la prepararía para la cena, le llevaría la ropa que debería vestir (confirmó su talla para no meter la pata, aunque el es muy bueno en eso de acertar para las mujeres) y le daría las instrucciones finales y todavía no estaba decidido si seríamos los tres o sólo nosotras dos en la cena (Eduard esperaba mis instrucciones).

Nuria protestó de tantos preparativos y lo de la ropa y… Pero Eduard fue tajante. "Mira, en tu empresa puedes ser una ejecutiva agresiva que hace y deshace, pero con Sandra serás la perra sumisa guarrilla que ya has demostrado ser en vuestros chats, ok?". Evidentemente, ninguna secretaria ejecutiva viaja sola a Barcelona por cuenta de la empresa, así que la presunta Nuria (seguiré usando ese nombre) debía ser una ejecutiva de su empresa y no la secretaria. Curiosamente, la seguridad de Eduard, que la tratara de perra, la excitó y la dejó con ganas de más.

Así que Nuria se pasó la reunión, comida y segunda reunión soñando con lo que pasaría esa noche. Con dificultad conseguía concentrarse en las reuniones, pero notaba su sexo palpitante y la recorría una excitación que la hacía estremecer. Acabó pronto y se refugió en su habitación del hotel, se duchó y se puso crema y se tumbó para una siesta esperando la llamada de Eduard o el aviso que estaba en el hall.

La sorprendió con una llamada a la puerta de su habitación. Se había quedado dormida! Se puso el albornoz del hotel y abrió la puerta, allí estaba Eduard con unas bolsas de tiendas de ropa. Sin excusarse por no haber avisado, pasó dentro de la habitación después de saludarla, invadiendo su intimidad.

  • Bien, veo que has aprovechado para descansar y asearte, has hecho bien, porque con Sandra siempre mejor estar bien descansado – dijo con una sonrisilla pícara.
  • Si me esperas abajo me visto y voy a tu encuentro en cinco minutos.
  • Nada de eso, tengo que comprobar que todo está correcto. Vamos, desnúdate y ponte esto. – dijo Eduard mientras dejaba sobre la cama una falda gris de tela ligera con un corte lateral y una blusa semitransparente.

Nuria, con el albornoz, no tenía ninguna intención de desnudarse ante Eduard, así que hizo intención de recoger las prendas para ir al baño. Pero Eduard simplemente hizo un gesto de contrariedad, sólo eso, un gesto de decepción, que bastó para transmitirle a Nuria que ese era el final de la fiesta, que si tomaba la ropa y entraba en el baño el salía de la habitación y nunca se volverían a reencontrar.

  • No querrás que me cambie ante ti!
  • Tu misma, pero Sandra tenía otra imagen de la perra guarrilla del chat, claro que si se equivocaba y no eres capaz de seguir sus instrucciones… No tienes porqué hacerlo.

Nuria dudó, lo cierto es que la situación, en aquella pequeña habitación, era muy excitante. Así que se quitó el albornoz. Eduard pudo ver sus pechos, algo caídos, su triángulo oscuro en la entrepierna y cómo se giraba para alcanzar las bragas y el sujetador que había sobre la mesilla. Y de nuevo, Eduard hizo chasquear la lengua con desaprobación. Sólo eso, de nuevo ese gesto de desencanto, decepción, desaprobación.

  • No querrás que no me ponga ropa interior?
  • Ya sabes que Sandra siempre ha sido un poco exhibicionista. Yo sólo sigo sus instrucciones, pero si no te ves capaz de satisfacerla…

Ahora la contrariedad de Nuria se convirtió en rubor mientras se ponía la falda y la blusa. Eduard pudo contemplar cómo se cubría aquel cuerpo, algo casi más excitante que cuando se descubre ;-). Una vez atados los últimos botones y metida la blusa dentro de la falda Eduard realizó su correspondiente examen. Los pechos de Nuria se adivinaban claramente bajo la blusa, que por ser de color amarillo claro dejaba traslucir las aureolas oscuras de sus senos. La falda le cubría poco más allá de medio muslo, y dejaba al descubierto sus piernas algo gruesas, pero tampoco obesas ni con celulitis. "Déjame ver tus zapatos". Nuria le mostró los dos pares que había traído, y él eligió los de tacón de aguja, los tomó y le indicó que se sentara en la cama, ella lo hizo.

Eduard se arrodilló ante ella y tomó su tobillo. El tacto de Eduard era cálido, acariciante sobre su piel. Ella se estremeció un poco, pero él no dio muestras de haberlo notado y sólo le calzó el zapato con delicadeza. Devolvió el pie al suelo y tomó el otro tobillo. Al alzarlo Nuria fue consciente que su sexo se abría ante él, que la situación la excitaba y debía brillar bajo la falda. Eduard posó su mirada en la entrepierna de ella y ella sintió como si esa mirada fuera una caricia. Pero él simplemente le calzó el segundo zapato y se apartó indicándole que se alzara (le tendió la mano para ayudarla). Al levantarse sus cuerpos quedaron juntos, pero él se apartó para ver el conjunto. El gran espejo de la entrada les sirvió a ambos para comprobar el resultado.

Los zapatos estilizaban sus piernas y hacían que la falda luciera más alta. La blusa era transparente sin ser escandalosa, pero dejaba a las claras que no había nada debajo. Eduard se acercó a ella por detrás y puso sus manos en las caderas de ella. Nuria casi deseaba que la tomara allí, ya, ahora, pero el se limitó a subir un poco más la falda, ajustar el corte lateral para que quedara más abierto y se mostraran más las piernas, se alejó y volvió a mirarla. "Bien, ahora dame un cepillo y siéntate".

Ante el escritorio de la habitación Eduard le cepillo su cabellera (que le llegaba hasta los pechos) y la dejó suelta, libre, peinada con raya central. "Bien, ya podemos salir". Ella tomó el bolso, pequeño, comprobó que tenía la cartera y el móvil y se dirigieron al ascensor.

  • Sabes? Sandra me decía que no eras demasiado bella, pero creo que el problema es que ella lo es mucho, sí eres atractiva, y si tienes la mitad del morbo que me contaba estoy convencido que será una noche memorable ;-).
  • No se qué pensar, me da un poco de miedo.
  • Tranquila, tienes tu móvil y tu documentación, no debes hacer nada que no quieras.- y, curiosamente, esas palabras la tranquilizaron, pese a que sí hubiera querido que él hiciera algo ;-). Llegó el ascensor y él la dejó pasar delante. – Sabes? Yo tengo debilidad por los kulitos, y el tuyo es muy apetecible. – dijo mientras se lo acariciaba, suavemente, con la mano. Nuria no pudo evitar un movimiento de rechazo, pero fue por la sorpresa. Él deslizó su mano por la abertura lateral y acarició su suave carne caliente. – Y me excita saber que estás desnuda bajo esta falda. – Pero todo quedó ahí, en una caricia fugaz, porque llegaron a la planta baja y salieron.

El la guió hacia el exterior. Estaban cerca del barrio gótico y fueron a tomar una cerveza antes de cenar. Ella le pidió que le contara cosas de Sandra. Sentados en la barra de una taberna el la miró sonriendo más con los ojos que con la boca.

  • Sandra es una viciosa encantadora, sabe lo que es disfrutar del sexo y… y realmente lo disfrutas con ella. Siempre dispuesta al juego, siempre alegre y disponible, pero con unos claros límites, nada de dolor. Yo estoy casado, como habrás comprobado (dijo mientras le enseñaba la alianza), mi mujer es rusa, como Sandra, y así nos conocimos. Pero bueno, con ella es siempre algo especial, morboso, no es sólo sexo y, sin duda, nada de amor, sólo eso, morbo, excitación y lokura ;-).
  • Cuéntame alguna de vuestras experiencias.
  • No, de eso nada, aquí no se cuenta, aquí se vive. – Y Eduard deslizó una de sus manos sobre el muslo de Nuria y exploró bajo la falda, ascendiendo por su muslo.

Ella miró alrededor asustada, pero recordó que allí nadie la conocía, allí podía pasar por una perfecta extraña acariciada por un macho que la excitaba un montón, así que se relajó y se permitió ser "la nueva Nuria", la excitante e impúdica Nuria. "Así me gusta, tu déjate hacer, déjate seducir y ser la esclava que siempre has deseado". Dijo mientras él, bajaba de su taburete y se acercaba a ella, rodeándola con su aroma seco, ardiente, sin sacar la mano de su muslo, avanzando bajo la falda y llegando a la unión de sus piernas. Ella siguió sentada en el taburete, sorbiendo su cerveza mientras el le sonreía y se acercaba llegando con su mano a su entrepierna. "Te gusta que te acaricie? Apuesto a que en tu habitación deseabas mucho más" y ella enrojeció al ver tan claros sus deseos reflejados en la mente de él, al sentirse desnuda frente a él (y lo estaba entre sus dedos). Él la miraba a los ojos, y ella tuvo que bajar la vista. Con la otra mano Eduard la tomó de la barbilla y le hizo alzar la cara mientras sus dedos exploraban su sexo desnudo bajo la falda. Pero no la besó, contra lo que ella esperaba, él retiró la mano de su barbilla y la bajó hasta su blusa, desabrochando otro par de botones y casi dejando al aire sus pechos sin dejar de mirarla a los ojos, desafiante. Ella estaba ruborizada, sentía el calor en sus mejillas, en su cara, en su escote, su humedad en las piernas, entre los dedos de él, que no paraba de penetrarla suavemente en la barra de la taberna, sus alientos a escasos centímetros, pero sin otro contacto que la mano de él en su sexo o tan cerca de sus pechos.

Él sacó la mano de entre sus piernas, húmeda, y la llevó a los labios de ella. Dejó su humedad en sus labios, y ella no pudo evitar una sensación de pérdida al notar cómo su mano se retiraba de su sexo, y se puso a lamer sus dedos, a lamer su propio sabor. "Vámonos" dijo él, y ella lo siguió por la calle, con sus pechos casi al aire, sintiendo el aire en sus piernas húmedas de deseo.

Él volvía al hotel, sin dirigirle palabra, sin girarse, sin saber si ella venía tras él o no, entró en el ascensor y oprimió el botón del piso de su habitación. Ella corrió tras él y le alcanzó antes de que se cerraran las puertas. Un pecho se le había salido y se mostraba el pezón en la abierta blusa. Eduard fue más rápido que ella y se lo pellizcó mientras ella, sumisa, sólo se estremecía.

Así, descubierta, recorrieron el pasillo, ella con el pecho al aire, siguiéndolo. Al llegar a la puerta ella abrió y entraron los dos. El la dejó pasar y, desde atrás, la tomó por los hombros y fue deslizando sus manos por sus brazos, las deslizó sobre sus pechos y desabrochó los últimos botones de la blusa abriéndola y dejándola caer al suelo. Ella notaba su aliento en el cuello, su tacto, sus suaves caricias y se dejaba hacer. Su falda siguió a la blusa y quedó desnuda a la entrada de la habitación. El la dejó allí, de pie, sólo con los zapatos de tacón, y abrió las cortinas y dejó la habitación (a oscuras) iluminada por la luz del exterior. Ella estaba desnuda ante la ciudad. Entonces Eduard volvió hacia ella y la tumbó en la cama, justo ante el ventanal. Ella quería sentirlo, quería que la follara y la penetrara, quería ser suya, pero el seguía vestido en contraste con su desnudez.

Con su pañuelo sujetó una de sus muñecas al cabezal de la cama, con la corbata la otra muñeca. Luego buscó entre la ropa de ella y ató ambos pies, con las piernas abiertas, a las patas de la cama. Así, ella, desnuda, abierta, yacía en la cama frente aquel inmenso ventanal que daba a la calle, abierta a los edificios de en frente, expuesta a lo que él quisiera hacerle.

Eduard desapareció en el lavabo, pero volvió al rato con una toalla húmeda y uno de los botecitos de champú. Se acercó a la cama y se recostó sobre ella, con su cabeza a la altura de su sexo. Ella se sentía ignorada, hubiera deseado que él la besara, que la acariciara o penetrara, pero él se limitaba a ignorarla. Pero ahora, ahora pudo notar su aliento sobre los pelos de sus sexo, alzó las caderas deseando el contacto y pudo sentir (no ver ni oír) la sonrisa en su cara. Con la toalla limpió su sexo de los jugos secos que la empapaban. El tacto de la toalla casi la hace estallar en un orgasmo de excitada como estaba, pero el evitó acariciar las partes más sensibles, limitándose a su vientre y el interior de los muslos.

Cuando la tuvo limpia (aunque todavía con un fuerte olor en ella), volvió a sentir el aliento de él en su vello. Esta vez lo notó acercarse, examinar de cerca, y sus dedos abriendo y admirando su almejita. Notó cómo sus densos jugos formaban hilos al abrir él sus labios y no pudo evitar estremecerse anticipando la deseada penetración. Pero Eduard no tenía prisa, abrió sus labios vaginales, se llenó con sus efluvios y sólo después de captar toda su esencia, empezó a recorrer el interior de sus muslos con su lengua, acariciando, recorriendo el contorno de su sexo. Ella podía sentir cómo él la acariciaba, cómo seguía cada uno de sus pliegues, cómo la abría capa a capa, cómo la desfloraba suavemente.

Afianzó con sus dedos los laterales y su lengua empezó a recorrer el sexo de ella desde el ano hasta el clítoris, subía haciéndola estremecer en un millón de sensaciones durante su recorrido. Imposibilitada de tocarle, de tomarle la cabeza y apretarla contra su sexo, debía someterse a la humillación de tomar sólo el placer que él le dispensaba en cuentagotas. Su aliento en sus pliegues la volvía loca, quería su lengua penetrándola y su sexo empalándola, no dejaba de revolverse sobre él, pero Eduard la mantenía quieta y bien amarrada por sui vientre, sin posibilidad de desasirse ni tomar iniciativa alguna.

La dulce lengua de Eduard acariciaba más que apretaba, recorría todo su sexo una y otra vez excitándola pero negándole el orgasmo. Nuria empezó a llorar de frustración y rabia, y ese fue el momento en que Eduard tomó su clítoris entre sus labios y la penetró con un consolador de una embestida. El orgasmo fue brutal, ella explotó arqueando todo el cuerpo reteniendo la respiración hasta casi ahogarse. Mordió sus labios en un quedo gemido de placer que le recorrió por dentro y por fuera hasta que volvió a caer en la cama, relajada, saciada, agradecida.

El consolador sólo la había empalado, pero en una única embestida, y estaba todavía dentro de ella. Eduard se había retirado, observando su placer, su orgasmo. Ella abrió los ojos y se sintió vejada por él, avergonzada a la vez de mostrar así su placer, una mezcla de sentimientos la dejaba indefensa ante él. Deseo, morbo, excitación, humillación.

Eduard se limitó a sonreír mientras la miraba y acariciaba sus muslos. "Pues todavía no hemos ni empezado", dijo. Y procedió a encender el consolador que ella tenía entre sus piernas. La suave vibración la recorrió, dulce, sensual. Si en aquél momento la hubiera puesto más fuerte habría sido desagradable, pero así, suave, la hizo recuperar la excitación. Él le dejó el consolador puesto a velocidad baja y se acercó al ventanal, dejó que su mirada se perdiese en la calle, en los balcones de enfrente, pero volvió dentro.

"Y Sandra?", dijo ella. "Tranquila, yo soy Sandra, qué creías, que existía esa diosa del sexo perfecto? Pues vete haciendo a la idea que Sandra tiene rabo y va a abusar de ti en breve", dijo mientras la miraba con unos ojos brillantes de vicio. Ella se asustó, pero lejos de gritar notó cómo su sexo se humedecía y palpitaba contra el vibrador.

Eduard procedió a desnudarse y ella pudo ver por primera vez su sexo, recto, ni muy grueso ni muy largo, pero muy apetecible ;-). Desnudo ya fue al baño, del que volvió al poco rato. Se sentó en la cama cerca de ella, que sólo tenía ojos para su enhiesta verga. "Lamento decepcionarte mi preciosa sumisa, pero hoy tendrás ración de verga que no creo que te haga echar en falta a Sandra". Ella se sabía totalmente expuesta, sumisa a él, y estaba avergonzada de desear más de él. De pronto, un tacto frío en su ano la estremeció. Él se había untado un dedo con crema y estaba explorando su esfínter, acariciando su rosada flor, empapada con los flujos de su sexo y ahora suavizada con la crema, pronto aceptó el dedo de él pese a que ella no quería mostrarse tan vulnerable, tan abierta, tan preparada para él.

Un dedo al que siguió otro, mientras él, sentado a su lado, bajo el zumbido del vibrador, la miraba a los ojos y ella, avergonzada por el placer que sentía, escondía su rostro contra el brazo. Ya eran tres los dedos de él en su ano cuando incrementó el ritmo del vibrador. Ella se estremeció de nuevo, como si ya se hubiera habituado a aquél palpitante demonio y de repente lo descubriera de nuevo entre sus piernas.

Eduard se movió, se alzó y ella pudo ver su verga palpitante, oscilar con sus pasos. Se situó a sus pies, subió a la cama y alzó sus caderas. Ella contenía la respiración ansiosa, avergonzada de lo ansiosa que estaba de que él la hiciera suya, que fue exactamente lo que siguió. Alzó sus caderas y la fue penetrando suavemente por el culo, dejando que su verga arrastrara la crema a su interior, deslizándose con casi ternura hasta reposar dentro de ella. Un gemido quedo de ella le indicó que ya estaba completamente dentro. Un escalofrío recorrió el cuerpo de ella deseando sentirlo más, un pequeño orgasmo, una oleada suave que rompió al aumentar Eduard el ritmo del vibrador al máximo y empezar a bombear en su ano con fuerza. Entonces las oleadas de ella fueron espasmos y su cuerpo cobró vida arqueándose al ritmo de su placer, que la sacudía haciéndola saltar, pero Eduard mantenía firmemente sujetas sus caderas y no la dejaba escapar, con lo que las arcadas se sucedieron una tras otra, cada vez más fuertes, sacudidas más bruscas, conforme su cadena de orgasmos se amplificaba una y otra vez.

Ella sentía el vibrador en su coño y la polla de Eduard taladrándola por detrás, ambas se encontraban en su interior y la llenaban de sensaciones y estímulos que la recorrían por dentro hasta las puntas de sus dedos. La intensidad de la sensación fue in crescendo, amplificándose en oleadas más y más poderosas hasta que Eduard (que ya no podía contenerse más) se derramó en ella y se unió a sus sacudidas penetrándola totalmente. La sensación de sentirlo vaciarse en ella, de ser llenada, unida al vibrador la hizo sentirse completamente saciada y soltó un grito y desfalleció mientras él le retiraba el consolador. Así, pasó de sentirse completamente llena a un vacío frustrante con sus dos agujeros dilatados que, junto con el placer, hizo asomar lágrimas a sus ojos mientras trataba de recuperar su respiración, que se había convertido en un conjunto de jadeos agónicos.

Ambos se relajaron en la cama, ahora él cayó rendido a su lado y se entretuvo en acariciarla mientras se recuperaban, sonriente. Y ella no pudo evitar mirarlo con deseo, humillación y vicio, una mezcla de deseos encontrados dentro suyo, pero todos bañados por el placer sentido.

  • Qué vas ha hacer conmigo? – Preguntó ella, asustada, tras recobrarse.
  • Creo que te mantendré atada todo el fin de semana hasta que se me acaben las ideas de cómo humillarte y vejarte. O tal vez me dedique a llamar a grupos de amigos o amigas para que te hagan todo aquello con lo que soñabas en el chat. Te gustaría que llamara a mucha gente?
  • No serás capaz. – dijo ella con una mezcla de deseo y temor a la vez. Por un lado la excitaba la idea, pero eso habían sido sólo sueños eróticos, no la realidad. Tener de repente frente a sí a quien estaba dispuesto ha hacerlo realidad la espantaba, además, se sabía indefensa! – Desátame.
  • Tranquila, te aseguré que sólo haríamos lo que tu me rogaras ;-) – y sonrió cálidamente de nuevo, lo que hizo a Nuria sentirse segura, pese a su desnudez, pese a estar atada, pese a haber sido sodomizada y usada por él.
  • Y yo te rogué que me partieras el kulo?
  • Sí, con tu mirada, con tu silenciosa súplica por sentirte humillada, por tu delicioso deseo de ser mancillada y obligada a todos los vicios. – Dijo mientras su voz se convertía en un susurro y su boca se acercaba a la de ella. Ella se maldijo cuando notó cómo su boca también buscaba la de él y se fundían en un beso apasionado, sus lenguas explorando la boca del otro, pero era él quien la tomaba a ella, quien la poseía con la boca.

En eso sonó un toque en la puerta, Eduard, desnudo, sudoroso, se acercó a la puerta y abrió sin preguntar. Una figura se recortaba en el marco, pero Nuria sólo la vio cuando se acercó a la cama.

  • Vaya, veo que no me habéis esperado. – dijo la voz sensual de Sandra.

Sólo entonces Nuria se dio cuenta del engaño de Eduard y le miró acusadora, pero a la vez divertida por cómo le había tomado el pelo y la había asustado.

Autor: sandrahotbcn


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